Mes: octubre 2010

Un vuelo por la Feria del Libro


El entusiasta blogger y videoreportero, Carlos García, que me ayuda en la edición de los videos que salen en este blog, me invitó esta semana a la Feria del Libro de Miraflores para buscar literatura fantástica. Encontramos títulos como el Fantasmocopio de Carlos Freyre, libros de cuentos de José Adolph y José Guich, algo de Óscar Colchado y un poco más de mitología andina.

No pudimos ver el interesante trabajo que se está haciendo en editoriales como Casatomada y Altazor, porque estas casas no tienen stand en la feria, pero seguramente habrá más tiempo para revisar su chamba. Lo que sí quedó claro, es que la literatura fantástica tiene precios cómodos, los títulos que ubicamos no pasan de veinte soles. Así que una vez más, si van a la Feria del Libro, los invito a darle una oportunidad a la fantasía que se produce en el país.

Este video fue publicado originalmente en Número Zero.

Caballeros oscuros al compás de Wagner


Antes de que el escocés Mark Millar lanzara Némesis, una provocadora historia que empezó a publicarse el año pasado, en la que se explora cómo se vería un villano si tuviera las habilidades y recursos de Batman, estuvo Grendel, creación del escritor y dibujante Matt Wagner, publicada por el sello independiente Comico.

El personaje tomaba algunos elementos de la mitología del hombre murciélago y de otras figuras como Diabolik, el clásico ladrón del cómic italiano. Tenía una identidad secreta, la del exitoso escritor Hunter Rose, era millonario, superaba a cualquier campeón olímpico en el arte del esgrima, y aunque no contaba con la valiosa ayuda de un mayordomo como Alfred, podía confiar en Larry Stohler, su principal informante y quien le ayudaba a lavar el dinero de la mafia.

Como lo planteó Wagner, Grendel era una visión deformada de Batman, un hombre que había recibido una rigurosa formación física y mental, pero que decidió convertirse en el criminal más peligroso de Nueva York debido a la muerte de su amante.

La historia duró poco. Hunter Rose apareció por primera vez en 1982 y Wagner decidió acabar con él en 1986, en una pelea con Argent, una especie de hombre lobo que trabajaba para la policía y que era la contradicción total del criminal cruel pero de modales finos que había construido. El choque era obvio, Wagner usó un ser lleno de violencia para acabar con la agudeza de Grendel.

Años después, sin embargo, porque los héroes y antihéroes de papel nunca mueren, Hunter Rose volvió a la vida, pero no para chocar con un bruto como Argent, sino con el paladín en el que estaba inspirado. Grendel se encontró así con Batman, en uno de los cruces entre compañías más interesantes que se hayan publicado en Estados Unidos.

Matt Wagner tuvo absoluto control de la historia y del arte. En sus dos tomos, El acertijo del demonio y La máscara del demonio (1993), el escritor dejó en claro que este era un choque de intelectos, nada de viñetas a toda página en la que volaban las patadas. Si estos colosos iban a enfrentarse lo harían en medio de una historia que tenía un poco de novela negra y mucha plasticidad.

Para ello, el escritor creó a dos personajes femeninos, la curadora Rachel King y la editora Hillary Perrington, con quienes se relacionan Bruce Wayne y Hunter Rose, respectivamente. Son estos dos personajes, los que llevan el hilo conductor de la historia. De hecho, el secreto de Hillary es explotado por Grendel para llegar a Rachel y luego a Batman.

Pero previamente, estos cuatro debían conocerse. Y es aquí donde entra la maestría de Wagner, mientras va explicando en qué consiste el plan de Grendel y llega el choque definitivo con Batman, las viñetas van dividiéndose en dos, en cuatro y hasta en ocho, para mostrar las diferencias entre Wayne, Rose y sus acompañantes. Si el primero era un plomo aburrido y concentrado en su trabajo como justiciero, el otro era un seductor un poco cínico. Si Rachel era una conservadora enamorada, Hillary una hippie que vivía la noche de Gotham.

Para el momento del combate final, Wagner dejó una sorpresa. Una página dividida en 33 viñetas que narra cuadro por cuadro la pelea entre ambos personajes, un verdadero storyboard para el que se anime a poner en movimiento este cómic.

En 1998, otro Grendel, también salido de los lápices de Wagner, cruzó espadas con Batman, pero esta historia no tenía la complejidad de la primera. Solo Hunter Rose estuvo a la altura de Bruce Wayne.

Wagner usa viñetas dentro de otras viñetas para describir a sus personajes.
Wagner y sus 35 cuadros en el combate decisivo.
Grendel en Lima, gracias a la nutrida colección de muñecos de mi buen amigo Miguel Gonzales.

La fantasía y sus 17 aliados atacan otra vez


Portada de Grim Fairy Tales número 31. Zenescope Entertainment.

Este es un aviso de servicio público. Gabriel Rimachi, el dinámico escritor y factótum de la editorial Casatomada, amenaza con lanzar la primera semana de diciembre el segundo volumen de sus 17 Fantásticos Cuentos Peruanos, un libro que en 2008 generó en la ciudad altos niveles de adicción por la fantasía, lo insólito y el suspenso.

Rimachi tiene suficiente material como para causar los mismos estragos que provocó su primera recopilación. Si en el primer volumen de sus 17 Fantásticos Cuentos Peruanos tenía como puntas de lanza a reconocidos escritores como José Adolph (quien murió tres meses después de entregar un cuento inédito a Rimachi), José Güich, el más prolífico narrador de ciencia ficción del país, y Carlos Calderón Fajardo, ahora tiene en su arsenal a Rodolfo Ybarra, Katya Adahui y Alexis Iparraguirre, premio nacional de narrativa de la PUCP.

¿De qué va este libro? Rimachi lo ha explicado varias veces, pero el resumen es que trató de mostrar un collage de cómo ha ido evolucionando el cuento fantástico en el país, a través de varias generaciones de autores. Desde veteranos como Adolph hasta jóvenes como Johann Page. Por cierto, esta publicación tiene otro mérito, es la primera recopilación de cuento fantástico que se hace en el Perú desde 1977.

¿Y cuál es el menú del libro? Pues hay hombres que hablan con animales (perros y medusas para ser más exactos), viajes a Ucronia (por medio de palabras mágico/científicas) naves espaciales, transformaciones, un escritor y chantajista (que también puede ser un viajero del tiempo) que usa un inquietante libro para sorprender a sus víctimas, y un tragador de lápices. También se puede encontrar a Speechman, a una muerta bastante locuaz, algunas desapariciones, una historia de Batman (sí, ese Batman), un ángel que salva suicidas, y a otros personajes.

Puede ver la lectura que Rimachi tiene sobre este libro en esta entrevista:

Los 17 fantásticos cuentos peruanos de Editorial Casatomada.

Grant Morrison y el testamento de Clark Kent


Hay historias de Superman que hemos olvidado o que no pudimos leer. Algunas porque están fuera de la continuidad del personaje, otras porque podían parecer muy ridículas y otras tantas porque eran muy fieles al tiempo en el que fueron escritas, con las particularidades y extravagancias de cada caso.

En el 2005, el escocés Grant Morrison, un tipo calvo al que persigue la genialidad, juntó parte de estas historias en una sola aventura a la que llamó All Star Superman. El guionista se centró en los clásicos cómics de Superman de la Edad de Plata (1950-1970), en los que siempre estaba presente la tecnología, con menos pantallas digitales como las de ahora, pero con mucho gigantismo y colorido. Es más, se podría decir que si uno iba vestido de capa y colores en los 50, podía pasar por un hombre del futuro y no por un fugitivo de una fiesta Drag.

Otro componente, siempre presente en los cómics de Superman de esa época, eran sus líos con Lois Lane. De hecho, eran los líos de Lois Lane con Superman. Fuera de las viñetas, el mundo estaba cambiando. Se hablaba de la liberación femenina y del amor libre, pero en las páginas del cómic del kriptoniano, Lois buscaba desesperadamente casarse con Superman, y si no era con él, con cualquier sustituto que diera la talla. No era extraño, entonces, que el héroe terminara enfrentándose con viajeros espaciales, héroes de la mitología griega o hebrea, u otros kriptonianos, por retener el amor de su dama, que (lo planearan o no en DC) daba la impresión de ser una muy empeñosa chica de cascos ligeros.

Finalmente, en la llamada Edad de Plata estaban desesperados en saber qué pasaría en el futuro lejano con Superman y sus amigos. No habían desarrollado este apego desesperado por mantener la continuidad del personaje (que, es cierto, se rompe cada vez que bajan las ventas) y por ello inventaban todas las historias alternativas que se les ocurrieran. Que si Superman envejecía hasta convertirse en un nonagenario que andaba con bastón y mallas, que si el personaje evolucionaba hasta convertirse en un ser macrocefálico de coeficiente intelectual inalcanzable, que si Jimmy Olsen se transformaba en el peligroso hombre tortuga, no había límites, era fantasía pura contagiada de la sicodelia del momento.

Pues bien, Morrison mezcló estas rarezas para unirlas en un todo singular, con mucho sentido del humor y una coherencia que abruma. Claro que nos puso una trampa para que lo siguiéramos en su peculiar viaje. Desde el primer número de la serie, Morrison deja en claro que su Superman va a morir, que una sobrecarga de radiación solar (en realidad, una trampa puesta por Lex Luthor) apenas le ha dejado tiempo para realizar 12 hazañas más y para despedirse de los seres que ama con un testamento. A Morrison, por si no lo he dicho antes, le encanta estrujar el corazón de sus lectores.

Por todo esto, y por el estupendo arte de Frank Quitely, All Star Superman ganó tres premios Eisner y dos premios Harvey en Estados Unidos, además de tres Eagle en Inglaterra. Ahora, se anuncia una adaptación de la serie en una película animada (el trailer de la misma está al final de este post). Cruzo los dedos para que tanta magia pueda contenerse en una hora y media de animación.

“Y a Clark Kent, el apacible reportero que nunca me dejó olvidar como se siente ser un hombre oprimido, ordinario…le dejo el titular del siglo: Superman está muerto”, All Star Superman número 10.

Lois Lane aparece en All Star Superman como lo hizo en el número 57 de la primera colección del kriptoniano.
El escuadrón de supermanes recuerda a las historias alternativas que se hacían sobre el futuro del personaje en los 60.
Después de años de ausencia, Samson y Atlas vuelven a las historietas de Superman.

Esta fiesta está buena


Este coloquio auspiciado por la Escuela de Literatura de San Marcos se ve muy interesante. Van a estar como ponentes algunos autores de literatura fantástica como Hans Rothgiesser y Carlos Saldívar. Además, se va a presentar un estudio de lo fantástico en la literatura peruana escrito por Elton Honores. Pero lo mejor de todo, es que el ingreso es libre. La cosa es en el Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar (Av. Benavides 3074, Miraflores). Del 22 al 23 de octubre.

Este es el programa.

Crisis cósmica en un hostal de Jesús María


Franz Frazetta y su Death Dealer hacen sentir su influencia en el Cazador de la novela de Rothgiesser.

El economista Hans Rothgiesser ha descubierto cómo viajar entre universos. Bueno, no él pero sí los personajes que ha creado para el Heraldo en el muelle, su primera novela, publicada el año pasado bajo el sello Bizarro Ediciones, y a la que coloca dentro del género de la ‘fantasía irónica’.

Y esto de los saltos entre universo y universo es algo que Rothgiesser se toma muy en serio, aunque no lo parezca, y a pesar de que un conejo antropomorfo y algo torpe es la principal compañía del protagonista de su historia: el adolescente limeño Guillermo Luna.

En el resumen, la aventura de Guillermo es bastante sencilla. El joven vende sin querer su alma al diablo, que anda escondido en unas barajas mágicas, y a partir de ello se ve envuelto en un éxodo que lo lleva a escenarios alejados de lo humano, como un caótico terminal interdimensional, un mundo plagado de zombies reptilescos, un hostal de Jesús María que conduce a otras realidades y un inhabitable Jirón de la Unión.

De hecho, si ha pensado en Rothgiesser como un autor al que le encanta hacer zapping con sus personajes, puede que no esté tan lejos de la realidad.

Actualmente, el economista prepara una segunda novela. Además anuncia que podría haber una reedición de El heraldo en el muelle, donde se eliminarían algunos gazapos que resultaron inmunes a la corrección original.

Esta semana busqué a Rothgiesser para que me hablara del proceso de creación de sus novelas, pero terminamos hablando de otros temas, como la movida actual de la literatura fantástica (la que ve con mucho entusiasmo). Parece ser que el autor comparte la habilidad que tienen sus creaciones para saltar a otros ámbitos sin dificultad.

El hablador que se asomó a lo fantástico



Aunque admiro mucho su trabajo y su capacidad investigativa, Mario Vargas Llosa siempre me pareció ajeno a lo fantástico, al tema central de este blog. Eso fue hasta que mi amigo Jorge Coaguila me prestó hace muchos años El Hablador, la novela en la que Vargas Llosa cuenta, en la voz de dos narradores, la historia de Saúl Zuratas, un estudiante de etnología que desaparece de un momento a otro, y aparece años después integrado a la sociedad machiguenga.

Y es a propósito de la transformación de Zuratas, que Vargas Llosa rescata algunos mitos de la amazonía que siempre lo ha seducido: los habladores que guardan la memoria de Tasurinchi y Kientibakori, el echarse a andar, las leyendas de la maternidad, todo en un solo paquete y con la maestría del arequipeño más querido por los peruanos.

Hoy que ha sido premiado con el Premio Nobel quería recordar este aporte de Vargas Llosa a la fantasía. Es mi modesta manera de sumarme a la celebración.

A continuación, un párrafo de El Hablador:

 

Le conté todo esto a Tasurinchi, el que vivía antes en el río Mitaya y vive ahora monte adentro del río Yavero. Pensativo, reflexionando, me comentó: «No lo comprendo. ¿Teme que su mujer sea una sopa¡ porque bota niños muertos? astas serían diablas también, entonces, porque no sólo paren muertos sino, a veces, sapos y lagartijas. ¿Quién ha enseñado que una mujer es bruja mala cuando lleva muchos collares? Desconozco esa sabiduría. El machikanari es brujo malo porque sirve al soplador de los demonios, Kientibakori, y porque los kamagarinis, sus diablillos, lo ayudan a preparar hechizos, así como al seripigari, brujo bueno, los diosecillos que sopló Tasurinchi lo ayudan a curar daños, deshacer hechizos y descubrir la verdad. Pero tanto el machikanari como el seripigari se ponen collares, que yo sepa».