Rumi, cazador de mitos


Ilustración de Lici Ramírez para Rumi y el pincullo mágico

Pensado como un guerrero errante que pasa de superar pruebas de ingenio en Chavín a enfrentar siniestras leyendas shipibas, Rumi, el personaje creado por el escritor Ricardo Vírhuez, también puede ser visto como un embajador de mitos peruanos, a los que va conociendo a través de sus aventuras.

El personaje ya tiene tres pequeños libros de cuentos publicados por la editorial Pasacalle, pero su travesía por un Perú mítico, fuera de la rigurosidad histórica, acabará recién con otras siete entregas. Es como si este Rumi encarnara nuestra propia versión de los doce trabajos de Hércules. En sus aventuras no estarán presentes el león de Nemea o la hidra de Lerna, pero sí el dios Ai apaec (el degollador moche), también el monstruo chupasangre que dio vida a los zancudos en la tradición de los pueblos amazónicos, y otras leyendas nacionales.

Virhuez, como lo afirma en la breve entrevista que le hice, ha visto a este personaje como una suerte de integrador de nuestras tradiciones, y lo hace desde el punto de vista del hombre antiguo, que tenía presente a sus deidades en todas sus actividades.

¿Cuál es el otro atractivo del personaje? Que está destinado a un público joven, que, sobre todo en provincia, ha recibido con entusiasmo la propuesta de su creador. No por nada, la primera edición de Rumi y el pincullo mágico, la aventura inicial del guerrero creado por Vírhuez, se agotó en su totalidad. Y eso, en un país que lee poco, también tiene algo de titánico.

Títulos de Rumi en la edición de Pasacalle

Salva el mundo y revuélcate en la cama


Portada del número 2 de Worldwatch

En el largo anecdotario del cómic superheroico gringo, Worldwatch debe tener un lugar pequeño pero significativo. Y la frase no es gratuita, el cómic, publicado en el 2004, abordó las tensiones que pueden darse en cualquier grupo de metahumanos que se reúnen para combatir a supervillanos disfrazados, poniendo énfasis en su vida sexual y sus vicios.

Como lo dijo su creador, el guionista norteamericano Chuck Austen, Worldwatch partía de la premisa de mezclar superhéroes con The Shield, la serie de televisión que narra la vida de un grupo de policías corruptos que presta servicio para una comisaría de Los Ángeles.

Chuck Austen

Claro que explorar el lado oscuro de los superhéroes no es nuevo, y en el 2006, Garth Ennis, con su The Boys, daría cátedra de cómo hacerlo, pero dos años antes Austen, con sus peculariedades, ya le había labrado un poco el camino.

Worldwatch tenía como protagonista principal a War Woman, una versión alternativa de Wonder Woman, que, a pesar de liderar el equipo de superhéroes, sufría de un grave problema para definir sus lealtades ya que sostenía encuentros sexuales con el principal enemigo de su grupo (en su propia base). War Woman estaba secundada por el trío formado por Doc Gulliver (un gigante), Sergeant Mercury (una velocista) y Tiger Princess (una versión femenina de la Pantera Negra) que disfrutaba espiando los lances eróticos de los dos primeros. Pero el personaje más complejo de la historieta era el Intercessor, un sujeto que se definía como “mensajero de Dios” y que obligaba a las mujeres que rescataba a formar parte de un culto que lo adoraba y le servía (sexualmente) en todo.

Viñeta del número 2 de Worldwatch. El Intercesor y su singular idea de la gratitud.

Con este juego de roles extremos, Austen tenía suficiente material para llamar la atención del público y hasta de la crítica, pero quiso ir un poco más allá y trató de personalizar la controversia que estaba por desatarse alrededor de Worldwatch. En la contratapa del número 3 de la historieta, un mensaje de la editorial Wild and Wooly Press, que publicaba Worldwatch, anunciaba que habían despedido a Austen porque los lectores “odiaban lo que escribía” y que sería reemplazado por el desconocido Sam Clemens.

El ceremonioso anuncio no pasaba de ser una broma de Austen pero algunos fans creyeron la historia. El autor no tuvo tiempo de explicar de qué iba el asunto pues ya no pudo sacar el número 4 debido a la falta de liquidez. Lo curioso es que Worldwatch, a pesar de los problemas de dinero de su creador, se convirtió con el tiempo en un objeto de culto y en portales como Ebay los números sueltos pueden llegar hasta los 40 dólares. Digamos que esta serie inconclusa desnudó un poco más el fanatismo de los seguidores de los héroes encapotados.

Los problemas de tener un micro traje de batalla como el de War Woman.
Encendido diálogo entre Doc Gulliver y Sergeant Mercury.
Los tres números de Worldwatch y la portada del número 4, que nunca fue publicado.

De Miguel Grau al Che Guevara


Portada de 1959, secuela de 1899, ilustrada por el chileno Nelson Dániel.

Francisco Ortega y Nelson Dániel, los artistas chilenos que crearon 1899, la novela gráfica en la que Miguel Grau es un cyborg que se une a la cruzada antiexpansionista del héroe chileno Arturo Prat, repetirán la faena con nuevos personajes históricos. La semana pasada anunciaron que el próximo año publicarán la secuela de su exitosa historieta, en la que pondrán en un contexto de intrigas políticas y ciencia ficción a Ernesto Che Guevara, al ex presidente chileno Salvador Allende, a Augusto Pinochet y Fidel Castro, entre otros.

“Allende se tranforma en el padre adoptivo de Guevara pero años después, en 1959, este se le pierde en la Antártica. Hay otro dato a considerar, ahora la energía que propulsaba a las máquinas en 1899 produce adicción y es probable que tanto Allende como el Che dependan de ella”, adelantó Ortega en una entrevista que dio este fin de semana al diario La Tercera.

La nueva novela llevará el nombre de 1959 y tiene como fecha tentativa de publicación octubre de 2012. Por cierto, Ortega ha dicho que no hay fecha de publicación de la primera parte de la historieta en el Perú, ya que eso depende de Norma, la editorial con la que trabaja. Les dejo la entrevista que este blog le hizo a inicios de octubre en la que, entre otras cosas, afirmó que lo hecho por los soldados de su país en Lima, durante la guerra del Pacífico, le parecía “despiadado y horroroso”.

Todos los monstruos de Jorge Casilla


Cuidado, Jorge Casilla ha creado un asesino. Con 29 años, una licenciatura en educación y una maestría en literatura peruana y latinoamericana que está por concluir, el autor ha presentado El Libro de los Pájaros Negros, su primer libro de cuentos, en el que llama la atención la historia de ‘El del traje’, un misterioso homicida, que tiene más de personaje de manga que de asesino serial clásico.

Lo curioso es que el autor no es un gran lector de historieta japonesa, aunque la dinámica de sus relatos, por la velocidad con la que ocurren los hechos violentos y la fantasía que envuelve a sus personajes, se empeñe en contradecirlo. Para ser precisos, Casilla sí tiene gusto por lo japonés, pero no por sus viñetas sino por su literatura contemporánea. Haruki Murakami, por ejemplo, es uno de los autores que más lee.

Y para nutrirse en la construcción de relatos de horror, el escritor ha visitado clásicos del género como Poe y Lovecraft, pero además es un seguidor del cine de suspenso. Entre sus preferencias se encuentra Alfred Hitchcock, y sobre todo la historia del viejo Norman Bates: Psicosis.

“Me siento contento de haber hecho sufrir a mis personajes”, dijo Casilla en la presentación de su libro. Y claro que disfruta al construir estas historias de venganza y tortura, tanto que en la entrevista que le hice (que está al final de este post), contó que ya está escribiendo nuevos cuentos protagonizados por el enigmático ‘El del traje’. Todos estamos advertidos.

Ve al encuentro de lo fantástico


Este post llega a destiempo pero nunca es tarde, menos para hablar de lo fantástico. El infatigable Elton Honores, profesor universitario e investigador de lo fantástico en la literatura, inaugura hoy su segundo coloquio sobre el tema que lo apasiona. Bajo el título, El Orden de lo fantástico: territorios sin fronteras, Honores ha logrado convocar a una serie de estudiosos del tema fantástico que llegan de distintas partes del continente. Entre los representantes peruanos también hay una sorpresa, la presencia del embajador y escritor, Harry Belevan, quien también es uno de los primeros compiladores de cuentos fantásticos de factura peruana. Su clásica antología es de 1977.

Aquí les dejo el programa de este encuentro. Vale la pena visitarlo.

El puño de hierro de Miguel Grau


Interpretación de Miguel Grau para la novela gráfica 1899

Para construir una historia de fortalezas voladoras, androides y un país expansionista, los chilenos Francisco Ortega (guionista) y Nelson Dániel (dibujante), echaron mano de la historia. Para armar la fábula de un mundo condenado a desaparecer, ambos artistas recurrieron a los dos héroes más queridos de Chile y Perú. Para que su historia de ciencia ficción quedara redonda, Ortega y Dániel decidieron que Miguel Grau y Arturo Prat debían volver a la acción.

Esta introducción bien puede resumir el espíritu con el que se hizo la novela gráfica 1899, publicada en Chile en julio de este año y que ya tuvo algunos comentarios en la prensa peruana (algunos bastante inexactos como este).

Desde luego, no se puede negar que la trama de 1899 es audaz. Es inevitable arquear las cejas al ver que, en el universo de papel de la novela gráfica, Grau es un cyborg o al enterarse que Lima fue destruida de un solo disparo del buque volador Blanco Encalada.

Pero a medida que avanza la lectura las piezas del rompecabezas que es 1899 van encajando. No por nada, la historieta es una mezcla de relato policial y ciencia ficción.

Francisco Ortega pensó en un mundo en el que Chile llegó a imponer su poderío militar sobre Bolivia, Argentina, Uruguay, Paraguay y el Perú, y pasó a llamarse Confederación Patagónica. Todo esto, gracias al descubrimiento de la metahulla, un mineral parecido a la cavorita de la novela Los primeros hombres en la luna de H.G Wells, que permite que pesadas estructuras se eleven por el aire. Pero la metahulla no solo se usó con fines bélicos, también permitió que el Chile de Ortega desarrolle su propia tecnología y tenga una apariencia steampunk, donde el vapor y las máquinas gigantes conviven con las carrozas costumbristas de Santiago.

El Blanco Encalada, uno de los buques voladores de la armada chilena en 1899.

Ortega y Dániel, por cierto, no ocultan su preferencia por las novelas de H.G Wells y Julio Verne. De hecho, Grau y Prat conviven con los personajes de estos autores. El Capitán Nemo, Robur, el profesor Cavor, y hasta el King Kong de Edgar Wallace son mencionados en 1899.

La historia tiene otros matices. El más controversial es que Grau y Prat tienen el rol antagónico: saben que su mundo va a morir y quieren prolongar el legado del mismo. ¿Cómo? Con un sacrificio. Algo que el inspector de policía Luis Uribe, el héroe de la novela gráfica, no está dispuesto a tolerar.

Con toda la carga que trae la novela gráfica, y luego de leerla, contacté a Francisco Ortega para que me respondiera unas cuantas preguntas. El resultado está debajo de estas líneas.

La historia de 1899 está ubicada en un contexto steampunk, de tecnología a vapor, ¿desde un inicio pensaste que la novela gráfica debía tener este tipo de escenarios?

Desde el principio. El origen del cuento que originó 1899 es el cuadro El Combate Naval de Iquique de Thomas Somerscales. Pero como la idea era además homenajear a la literatura victoriana (Verne, Wells, Stoker, etc) busqué un elemento asombroso, una versión de la Cavorita de Wells y así di con la Metahulla, una suerte de “supercarbón” que se encuentra bajo los verdaderos yacimientos de Hulla (carbón) en el sur de Chile. Es vapor, pero no vapor de agua, sino de algo nuevo, distinto.

Parece que antes de escribir el guión hiciste dos tipos de investigación, una fáctica, de los hechos reales de la Guerra del Pacífico y otra literaria, en la que buscaste inspiración de algunas novelas de Julio Verne e historietas como La Liga de los Caballeros Extraordinarios de Alan Moore. Si mi teoría es correcta, ¿cuál de las dos niveles de investigación influyó más en el trabajo final?

Ygriega, androide femenino que acompaña en sus investigaciones al inspector Uribe.
Exacto. En ese sentido la tuve fácil. Yo venía de guionizar La Historia de Chile en cómic un proyecto bicentenario desarrollado por el Diario El Mercurio/Las Ultimas Noticias y el Instituto de Historia de la Universidad Católica. Allí hubo mucha investigación y a mí me interesa mucho la historia, entonces el marco teórico lo tenía. De ahí vino la inspiracion literaria. La Liga de Moore, Watchmen, Enki Bilal, etc y, obviamente, Verne, Wells, y tambien novelística chilena de la época.

¿Por qué usar a Grau y Prat como coprotagonistas de la novela?

Porque son los dos mayores héroes de la guerra del 79, tanto para Chile como para Perú. Es como trabajar con Batman y Superman. No tenemos superhéroes, pero si tenemos héroes. Es como que te pasen a George Clooney y a Brad Pitt para tu película. Son superestrellas de la historia. Eso por una parte y por otra, para no tener que explicar tanto, trabajas con personajes que todo el mundo conoce, con eso ya tienes la mitad de la pega ganada.

¿Cuánto sabías de Miguel Grau antes de escribir la novela gráfica?

Grau es mi personaje favorito de la guerra del 79. Obviamente, conozco más la versión chilena de los hechos y partí por esa, de ahí baje documentos y notas de Internet. Hablé con un amigo escritor peruano que me dio más luces de su personalidad, lo que se necesitaba para reconstruirlo en la versión de la realidad metahullana, que es la de la novela. Es y no es Grau. Del personaje histórico me fascina su inteligencia, lo brillante que es.

He leído que para construir la personalidad del Miguel Grau de tu historieta también usaste otros modelos y no solo al personaje histórico. Entre los personajes en los que te inspiraste están el doctor Tyrell de Blade Runner, el Dr. Doom de Marvel y Darth Vader. ¿Cómo fue el proceso de fundir a estos notables villanos de la ciencia ficción con el máximo héroe del Perú?

Francisco Ortega, guionista de 1899
El cyborg al principio era Prat, pero finalmente me funcionaba mejor Grau en esa estética. Ni Grau ni Prat son villanos, son antihéroes, responden al modelo del Capitán Nemo, son inteligencias superiores con una visión de hacer el bien sin mirar a quien. Grau y Prat descubren que la realidad metahullana se está destruyendo y quieren salvar su legado. Son héroes científicos como los de la literatura de la época. Y, claro, se han vuelto un poco locos por culpa de esta obsesión y quizás por algo más que se aclarará al cierre de la trilogía metahullana, que, ojo, ya viene. Solo puedo adelantar que ni Prat ni Grau son precisamente villanos, todo lo contrario.

¿Nunca tuviste temor de que usar la figura de Grau en una historieta, en la que se le muestra como el antagonista, pudiera generar malestar en el Perú?

No. De hecho he tenido más dramas con la armada chilena por convertir a Prat en poco menos que un cazador de alienígenas en la Antártica. Creo que la reflexión de 1899 es más contra Chile que contra el rol de Perú. Hay cosas que la historia limpia, no te cuenta. Chile peleó la guerra contra Perú y Bolivia, pero tuvo mucha ayuda de Inglaterra. Chile era expansionista en la época. Con una tecnología como la metahulla hubiese sido imparable y eso es lo que yo cuento y reimagino. Que no me parece muy distinto a lo que en verdad pasó. Por ejemplo, en 1899 Lima es destruida por una especie de Bomba Atómica. Terrible. Pero no más que las acciones horrorosas y despiadadas que el ejército de mi país realizó en Lima cuando invadieron la Ciudad de los Reyes.

La novela gráfica en la histórica Plaza Grau del Callao.