Ellas quieren tu corazón (y tus vísceras)


El escritor Carlos Carrillo se acomoda los botones de la camisa roja que lleva bajo el terno negro antes de empezar a conversar sobre su libro de cuentos. En el recibidor de su departamento una figurilla de la estrella porno Jenna Jameson, que va armada de un tridente, observa atenta, y detrás mío, una inquietante reproducción de Cronos devorando a su hijo, una de las Pinturas Negras de Francisco de Goya, vigila toda la escena.

Ni siquiera planeándolo hubiera conseguido mejor escenario para hablar de Para tenerlos bajo llave, la recopilación de los provocadores cuentos de horror de mi anfitrión, Carlos Carrillo, fiel lector de Howard P. Lovecraft, al que considera “un poco asexuado”, y de Charles Bukowski, ese viejo indecente al que le gustaba hablar de erecciones, eyaculaciones y exhibiciones.

Y, de hecho, es la mezcla de los dos autores totémicos de Carrillo la que ha definido un poco su estilo narrativo. No es casual que sus cuentos estén poblados de chicas que pueden hacerte pasar un buen momento antes de acabar contigo. Mujeres lobo, vampiras, santas homicidas, colegialas sádicas y brujas que habitan en Chacarilla del Estanque, todas sus protagonistas llegan cargadas de un gusto especial por el sexo y el gore, el tipo de violencia gráfica que se atribuye al buen George Romero.

Desde luego, el estilo del autor le ha traído algunos problemas, ha sido vetado en alguna ocasión y sus historias han sido calificadas de pornográficas (tal como cuenta en la entrevista que le hice). Pero él no se arredra. De hecho promete volver con más sexo y más gore con la novela que prepara para el próximo año. Las almas sensibles están advertidas.

P.D. Debajo de la entrevista he colgado un corto llamado El coleccionista, que está basado en uno de los cuentos de Carrillo.

Para tenerlos bajo llave en la versión de Bizarro Ediciones.
Anuncios

¡Derogan las leyes de Asimov!


Ilustración del artista Chris Grine.

Scarlet Legonía es una adolescente de 15 años a la que le gusta desafiar las normas vigentes (*). Hace poco, ganó el concurso de cuento Yo soy el robot, organizado por el proyecto Escuelab y Ata (Alta tecnología andina). Su historia, que, es cierto, pudo haber sido afinada un poco más, trata de un autómata que tiene algo de Hannibal Lecter y de Jack el destripador.

El pasado domingo 7 de noviembre, el Dominical de El Comercio publicó íntegramente su cuento que puede ser leído aquí. Lamentablemente, Escuelab ha desactivado los enlaces a los otros cuentos que participaron en el concurso. Esperamos que puedan reponerlos pronto.

Para no dejarlos con la intriga, pongo esta muestra del talento un poco siniestro de la joven Scarlet:

 

El robot era bien astuto, lo que pensaba
hacer era cortarle el pellejo y ponérselo encima
y así luciría como Juan. Primero, lo degolló,
luego le sacó toda la piel y así fue logrando su
venganza”.

 

(*) La historia ganadora del concurso de Escuelab derriba las leyes de la robótica, un conjunto de normas establecidas por el famoso Isaac Asimov en la mayoría de sus novelas y cuentos de ciencia ficción, que hoy son reinterpretadas por autores contemporáneos.

Estas son las tres leyes:

1.Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2.Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
3.Un robot debe proteger su propia existencia (por ser un sistema muy costoso), hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Sarah, la vampira que vino del mar


Wihelmina Murray o Mina Harker, la vampira inglesa más celebre de la literatura, en la versión del artista Adam Hughes.

Con disciplina se pueden conseguir muchos cosas: superar alguna marca, tener objetivos claros o desenterrar vampiros. Al escritor puneño, Carlos Calderón Fajardo, le pasa lo último. Fue el único de cuatro narradores que en 1993 cumplió la misión de contar un episodio de la vida de Sarah Ellen, un relato que debía integrarse a un todo que se leería como la novela definitiva de la no muerta más célebre del Perú, la chupasangre que partió desde su natal Halifax, Inglaterra, hasta llegar a las costas de Pisco, donde empezó la verdadera historia de su inmortalidad.

En El viaje que nunca termina, Calderón Fajardo recrea la travesía de la Sarah Ellen y su esposo John P. Roberts hasta llegar a nuestro país. Es una novela corta en la que aparecen personajes como el escritor Bram Stoker, creador de Drácula y hemófago clandestino según la mitología creada por el narrador puneño, y el recio capitán Diego Álvarez, un enamorado de los buques de vela. La segunda edición de este libro apareció el 2009, bajo el sello Altazor, y la primera, aunque bastante más corta, en 1993.

Este año, gracias a esa tenacidad de la que ya hemos hablado, Calderón Fajardo, publicó un segundo libro sobre Sarah Ellen al que tituló La novia de Corinto. Esta historia es más compleja que la primera. El escritor nos muestra lo que pasa con la vampira inglesa 80 años después de su muerte, cuando vuelve reencarnada en la esposa muerta del lugarteniente de un líder terrorista preso en una base naval. De a pocos, el relato se va convirtiendo en una interpelación al ‘pensamiento Gonzales’, un ser etéreo que representa las convicciones perdidas del cabecilla terrorista.

El escritor promete para el próximo año la última parte de su trilogía sobre Sarah Ellen, en la que finalmente llegará la redención para la vampira inglesa. Parte de las motivaciones y expectativas del autor están resumidas en la siguiente entrevista. (Les pido un poco de paciencia porque el video tarda 25 segundos en empezar)

El viaje que nunca termina y La novia de Corinto en la edición de Altazor.

Un vuelo por la Feria del Libro


El entusiasta blogger y videoreportero, Carlos García, que me ayuda en la edición de los videos que salen en este blog, me invitó esta semana a la Feria del Libro de Miraflores para buscar literatura fantástica. Encontramos títulos como el Fantasmocopio de Carlos Freyre, libros de cuentos de José Adolph y José Guich, algo de Óscar Colchado y un poco más de mitología andina.

No pudimos ver el interesante trabajo que se está haciendo en editoriales como Casatomada y Altazor, porque estas casas no tienen stand en la feria, pero seguramente habrá más tiempo para revisar su chamba. Lo que sí quedó claro, es que la literatura fantástica tiene precios cómodos, los títulos que ubicamos no pasan de veinte soles. Así que una vez más, si van a la Feria del Libro, los invito a darle una oportunidad a la fantasía que se produce en el país.

Este video fue publicado originalmente en Número Zero.

Caballeros oscuros al compás de Wagner


Antes de que el escocés Mark Millar lanzara Némesis, una provocadora historia que empezó a publicarse el año pasado, en la que se explora cómo se vería un villano si tuviera las habilidades y recursos de Batman, estuvo Grendel, creación del escritor y dibujante Matt Wagner, publicada por el sello independiente Comico.

El personaje tomaba algunos elementos de la mitología del hombre murciélago y de otras figuras como Diabolik, el clásico ladrón del cómic italiano. Tenía una identidad secreta, la del exitoso escritor Hunter Rose, era millonario, superaba a cualquier campeón olímpico en el arte del esgrima, y aunque no contaba con la valiosa ayuda de un mayordomo como Alfred, podía confiar en Larry Stohler, su principal informante y quien le ayudaba a lavar el dinero de la mafia.

Como lo planteó Wagner, Grendel era una visión deformada de Batman, un hombre que había recibido una rigurosa formación física y mental, pero que decidió convertirse en el criminal más peligroso de Nueva York debido a la muerte de su amante.

La historia duró poco. Hunter Rose apareció por primera vez en 1982 y Wagner decidió acabar con él en 1986, en una pelea con Argent, una especie de hombre lobo que trabajaba para la policía y que era la contradicción total del criminal cruel pero de modales finos que había construido. El choque era obvio, Wagner usó un ser lleno de violencia para acabar con la agudeza de Grendel.

Años después, sin embargo, porque los héroes y antihéroes de papel nunca mueren, Hunter Rose volvió a la vida, pero no para chocar con un bruto como Argent, sino con el paladín en el que estaba inspirado. Grendel se encontró así con Batman, en uno de los cruces entre compañías más interesantes que se hayan publicado en Estados Unidos.

Matt Wagner tuvo absoluto control de la historia y del arte. En sus dos tomos, El acertijo del demonio y La máscara del demonio (1993), el escritor dejó en claro que este era un choque de intelectos, nada de viñetas a toda página en la que volaban las patadas. Si estos colosos iban a enfrentarse lo harían en medio de una historia que tenía un poco de novela negra y mucha plasticidad.

Para ello, el escritor creó a dos personajes femeninos, la curadora Rachel King y la editora Hillary Perrington, con quienes se relacionan Bruce Wayne y Hunter Rose, respectivamente. Son estos dos personajes, los que llevan el hilo conductor de la historia. De hecho, el secreto de Hillary es explotado por Grendel para llegar a Rachel y luego a Batman.

Pero previamente, estos cuatro debían conocerse. Y es aquí donde entra la maestría de Wagner, mientras va explicando en qué consiste el plan de Grendel y llega el choque definitivo con Batman, las viñetas van dividiéndose en dos, en cuatro y hasta en ocho, para mostrar las diferencias entre Wayne, Rose y sus acompañantes. Si el primero era un plomo aburrido y concentrado en su trabajo como justiciero, el otro era un seductor un poco cínico. Si Rachel era una conservadora enamorada, Hillary una hippie que vivía la noche de Gotham.

Para el momento del combate final, Wagner dejó una sorpresa. Una página dividida en 33 viñetas que narra cuadro por cuadro la pelea entre ambos personajes, un verdadero storyboard para el que se anime a poner en movimiento este cómic.

En 1998, otro Grendel, también salido de los lápices de Wagner, cruzó espadas con Batman, pero esta historia no tenía la complejidad de la primera. Solo Hunter Rose estuvo a la altura de Bruce Wayne.

Wagner usa viñetas dentro de otras viñetas para describir a sus personajes.
Wagner y sus 35 cuadros en el combate decisivo.
Grendel en Lima, gracias a la nutrida colección de muñecos de mi buen amigo Miguel Gonzales.

La fantasía y sus 17 aliados atacan otra vez


Portada de Grim Fairy Tales número 31. Zenescope Entertainment.

Este es un aviso de servicio público. Gabriel Rimachi, el dinámico escritor y factótum de la editorial Casatomada, amenaza con lanzar la primera semana de diciembre el segundo volumen de sus 17 Fantásticos Cuentos Peruanos, un libro que en 2008 generó en la ciudad altos niveles de adicción por la fantasía, lo insólito y el suspenso.

Rimachi tiene suficiente material como para causar los mismos estragos que provocó su primera recopilación. Si en el primer volumen de sus 17 Fantásticos Cuentos Peruanos tenía como puntas de lanza a reconocidos escritores como José Adolph (quien murió tres meses después de entregar un cuento inédito a Rimachi), José Güich, el más prolífico narrador de ciencia ficción del país, y Carlos Calderón Fajardo, ahora tiene en su arsenal a Rodolfo Ybarra, Katya Adahui y Alexis Iparraguirre, premio nacional de narrativa de la PUCP.

¿De qué va este libro? Rimachi lo ha explicado varias veces, pero el resumen es que trató de mostrar un collage de cómo ha ido evolucionando el cuento fantástico en el país, a través de varias generaciones de autores. Desde veteranos como Adolph hasta jóvenes como Johann Page. Por cierto, esta publicación tiene otro mérito, es la primera recopilación de cuento fantástico que se hace en el Perú desde 1977.

¿Y cuál es el menú del libro? Pues hay hombres que hablan con animales (perros y medusas para ser más exactos), viajes a Ucronia (por medio de palabras mágico/científicas) naves espaciales, transformaciones, un escritor y chantajista (que también puede ser un viajero del tiempo) que usa un inquietante libro para sorprender a sus víctimas, y un tragador de lápices. También se puede encontrar a Speechman, a una muerta bastante locuaz, algunas desapariciones, una historia de Batman (sí, ese Batman), un ángel que salva suicidas, y a otros personajes.

Puede ver la lectura que Rimachi tiene sobre este libro en esta entrevista:

Los 17 fantásticos cuentos peruanos de Editorial Casatomada.

Grant Morrison y el testamento de Clark Kent


Hay historias de Superman que hemos olvidado o que no pudimos leer. Algunas porque están fuera de la continuidad del personaje, otras porque podían parecer muy ridículas y otras tantas porque eran muy fieles al tiempo en el que fueron escritas, con las particularidades y extravagancias de cada caso.

En el 2005, el escocés Grant Morrison, un tipo calvo al que persigue la genialidad, juntó parte de estas historias en una sola aventura a la que llamó All Star Superman. El guionista se centró en los clásicos cómics de Superman de la Edad de Plata (1950-1970), en los que siempre estaba presente la tecnología, con menos pantallas digitales como las de ahora, pero con mucho gigantismo y colorido. Es más, se podría decir que si uno iba vestido de capa y colores en los 50, podía pasar por un hombre del futuro y no por un fugitivo de una fiesta Drag.

Otro componente, siempre presente en los cómics de Superman de esa época, eran sus líos con Lois Lane. De hecho, eran los líos de Lois Lane con Superman. Fuera de las viñetas, el mundo estaba cambiando. Se hablaba de la liberación femenina y del amor libre, pero en las páginas del cómic del kriptoniano, Lois buscaba desesperadamente casarse con Superman, y si no era con él, con cualquier sustituto que diera la talla. No era extraño, entonces, que el héroe terminara enfrentándose con viajeros espaciales, héroes de la mitología griega o hebrea, u otros kriptonianos, por retener el amor de su dama, que (lo planearan o no en DC) daba la impresión de ser una muy empeñosa chica de cascos ligeros.

Finalmente, en la llamada Edad de Plata estaban desesperados en saber qué pasaría en el futuro lejano con Superman y sus amigos. No habían desarrollado este apego desesperado por mantener la continuidad del personaje (que, es cierto, se rompe cada vez que bajan las ventas) y por ello inventaban todas las historias alternativas que se les ocurrieran. Que si Superman envejecía hasta convertirse en un nonagenario que andaba con bastón y mallas, que si el personaje evolucionaba hasta convertirse en un ser macrocefálico de coeficiente intelectual inalcanzable, que si Jimmy Olsen se transformaba en el peligroso hombre tortuga, no había límites, era fantasía pura contagiada de la sicodelia del momento.

Pues bien, Morrison mezcló estas rarezas para unirlas en un todo singular, con mucho sentido del humor y una coherencia que abruma. Claro que nos puso una trampa para que lo siguiéramos en su peculiar viaje. Desde el primer número de la serie, Morrison deja en claro que su Superman va a morir, que una sobrecarga de radiación solar (en realidad, una trampa puesta por Lex Luthor) apenas le ha dejado tiempo para realizar 12 hazañas más y para despedirse de los seres que ama con un testamento. A Morrison, por si no lo he dicho antes, le encanta estrujar el corazón de sus lectores.

Por todo esto, y por el estupendo arte de Frank Quitely, All Star Superman ganó tres premios Eisner y dos premios Harvey en Estados Unidos, además de tres Eagle en Inglaterra. Ahora, se anuncia una adaptación de la serie en una película animada (el trailer de la misma está al final de este post). Cruzo los dedos para que tanta magia pueda contenerse en una hora y media de animación.

“Y a Clark Kent, el apacible reportero que nunca me dejó olvidar como se siente ser un hombre oprimido, ordinario…le dejo el titular del siglo: Superman está muerto”, All Star Superman número 10.

Lois Lane aparece en All Star Superman como lo hizo en el número 57 de la primera colección del kriptoniano.
El escuadrón de supermanes recuerda a las historias alternativas que se hacían sobre el futuro del personaje en los 60.
Después de años de ausencia, Samson y Atlas vuelven a las historietas de Superman.