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Ve al encuentro de lo fantástico


Este post llega a destiempo pero nunca es tarde, menos para hablar de lo fantástico. El infatigable Elton Honores, profesor universitario e investigador de lo fantástico en la literatura, inaugura hoy su segundo coloquio sobre el tema que lo apasiona. Bajo el título, El Orden de lo fantástico: territorios sin fronteras, Honores ha logrado convocar a una serie de estudiosos del tema fantástico que llegan de distintas partes del continente. Entre los representantes peruanos también hay una sorpresa, la presencia del embajador y escritor, Harry Belevan, quien también es uno de los primeros compiladores de cuentos fantásticos de factura peruana. Su clásica antología es de 1977.

Aquí les dejo el programa de este encuentro. Vale la pena visitarlo.

El puño de hierro de Miguel Grau


Interpretación de Miguel Grau para la novela gráfica 1899

Para construir una historia de fortalezas voladoras, androides y un país expansionista, los chilenos Francisco Ortega (guionista) y Nelson Dániel (dibujante), echaron mano de la historia. Para armar la fábula de un mundo condenado a desaparecer, ambos artistas recurrieron a los dos héroes más queridos de Chile y Perú. Para que su historia de ciencia ficción quedara redonda, Ortega y Dániel decidieron que Miguel Grau y Arturo Prat debían volver a la acción.

Esta introducción bien puede resumir el espíritu con el que se hizo la novela gráfica 1899, publicada en Chile en julio de este año y que ya tuvo algunos comentarios en la prensa peruana (algunos bastante inexactos como este).

Desde luego, no se puede negar que la trama de 1899 es audaz. Es inevitable arquear las cejas al ver que, en el universo de papel de la novela gráfica, Grau es un cyborg o al enterarse que Lima fue destruida de un solo disparo del buque volador Blanco Encalada.

Pero a medida que avanza la lectura las piezas del rompecabezas que es 1899 van encajando. No por nada, la historieta es una mezcla de relato policial y ciencia ficción.

Francisco Ortega pensó en un mundo en el que Chile llegó a imponer su poderío militar sobre Bolivia, Argentina, Uruguay, Paraguay y el Perú, y pasó a llamarse Confederación Patagónica. Todo esto, gracias al descubrimiento de la metahulla, un mineral parecido a la cavorita de la novela Los primeros hombres en la luna de H.G Wells, que permite que pesadas estructuras se eleven por el aire. Pero la metahulla no solo se usó con fines bélicos, también permitió que el Chile de Ortega desarrolle su propia tecnología y tenga una apariencia steampunk, donde el vapor y las máquinas gigantes conviven con las carrozas costumbristas de Santiago.

El Blanco Encalada, uno de los buques voladores de la armada chilena en 1899.

Ortega y Dániel, por cierto, no ocultan su preferencia por las novelas de H.G Wells y Julio Verne. De hecho, Grau y Prat conviven con los personajes de estos autores. El Capitán Nemo, Robur, el profesor Cavor, y hasta el King Kong de Edgar Wallace son mencionados en 1899.

La historia tiene otros matices. El más controversial es que Grau y Prat tienen el rol antagónico: saben que su mundo va a morir y quieren prolongar el legado del mismo. ¿Cómo? Con un sacrificio. Algo que el inspector de policía Luis Uribe, el héroe de la novela gráfica, no está dispuesto a tolerar.

Con toda la carga que trae la novela gráfica, y luego de leerla, contacté a Francisco Ortega para que me respondiera unas cuantas preguntas. El resultado está debajo de estas líneas.

La historia de 1899 está ubicada en un contexto steampunk, de tecnología a vapor, ¿desde un inicio pensaste que la novela gráfica debía tener este tipo de escenarios?

Desde el principio. El origen del cuento que originó 1899 es el cuadro El Combate Naval de Iquique de Thomas Somerscales. Pero como la idea era además homenajear a la literatura victoriana (Verne, Wells, Stoker, etc) busqué un elemento asombroso, una versión de la Cavorita de Wells y así di con la Metahulla, una suerte de “supercarbón” que se encuentra bajo los verdaderos yacimientos de Hulla (carbón) en el sur de Chile. Es vapor, pero no vapor de agua, sino de algo nuevo, distinto.

Parece que antes de escribir el guión hiciste dos tipos de investigación, una fáctica, de los hechos reales de la Guerra del Pacífico y otra literaria, en la que buscaste inspiración de algunas novelas de Julio Verne e historietas como La Liga de los Caballeros Extraordinarios de Alan Moore. Si mi teoría es correcta, ¿cuál de las dos niveles de investigación influyó más en el trabajo final?

Ygriega, androide femenino que acompaña en sus investigaciones al inspector Uribe.
Exacto. En ese sentido la tuve fácil. Yo venía de guionizar La Historia de Chile en cómic un proyecto bicentenario desarrollado por el Diario El Mercurio/Las Ultimas Noticias y el Instituto de Historia de la Universidad Católica. Allí hubo mucha investigación y a mí me interesa mucho la historia, entonces el marco teórico lo tenía. De ahí vino la inspiracion literaria. La Liga de Moore, Watchmen, Enki Bilal, etc y, obviamente, Verne, Wells, y tambien novelística chilena de la época.

¿Por qué usar a Grau y Prat como coprotagonistas de la novela?

Porque son los dos mayores héroes de la guerra del 79, tanto para Chile como para Perú. Es como trabajar con Batman y Superman. No tenemos superhéroes, pero si tenemos héroes. Es como que te pasen a George Clooney y a Brad Pitt para tu película. Son superestrellas de la historia. Eso por una parte y por otra, para no tener que explicar tanto, trabajas con personajes que todo el mundo conoce, con eso ya tienes la mitad de la pega ganada.

¿Cuánto sabías de Miguel Grau antes de escribir la novela gráfica?

Grau es mi personaje favorito de la guerra del 79. Obviamente, conozco más la versión chilena de los hechos y partí por esa, de ahí baje documentos y notas de Internet. Hablé con un amigo escritor peruano que me dio más luces de su personalidad, lo que se necesitaba para reconstruirlo en la versión de la realidad metahullana, que es la de la novela. Es y no es Grau. Del personaje histórico me fascina su inteligencia, lo brillante que es.

He leído que para construir la personalidad del Miguel Grau de tu historieta también usaste otros modelos y no solo al personaje histórico. Entre los personajes en los que te inspiraste están el doctor Tyrell de Blade Runner, el Dr. Doom de Marvel y Darth Vader. ¿Cómo fue el proceso de fundir a estos notables villanos de la ciencia ficción con el máximo héroe del Perú?

Francisco Ortega, guionista de 1899
El cyborg al principio era Prat, pero finalmente me funcionaba mejor Grau en esa estética. Ni Grau ni Prat son villanos, son antihéroes, responden al modelo del Capitán Nemo, son inteligencias superiores con una visión de hacer el bien sin mirar a quien. Grau y Prat descubren que la realidad metahullana se está destruyendo y quieren salvar su legado. Son héroes científicos como los de la literatura de la época. Y, claro, se han vuelto un poco locos por culpa de esta obsesión y quizás por algo más que se aclarará al cierre de la trilogía metahullana, que, ojo, ya viene. Solo puedo adelantar que ni Prat ni Grau son precisamente villanos, todo lo contrario.

¿Nunca tuviste temor de que usar la figura de Grau en una historieta, en la que se le muestra como el antagonista, pudiera generar malestar en el Perú?

No. De hecho he tenido más dramas con la armada chilena por convertir a Prat en poco menos que un cazador de alienígenas en la Antártica. Creo que la reflexión de 1899 es más contra Chile que contra el rol de Perú. Hay cosas que la historia limpia, no te cuenta. Chile peleó la guerra contra Perú y Bolivia, pero tuvo mucha ayuda de Inglaterra. Chile era expansionista en la época. Con una tecnología como la metahulla hubiese sido imparable y eso es lo que yo cuento y reimagino. Que no me parece muy distinto a lo que en verdad pasó. Por ejemplo, en 1899 Lima es destruida por una especie de Bomba Atómica. Terrible. Pero no más que las acciones horrorosas y despiadadas que el ejército de mi país realizó en Lima cuando invadieron la Ciudad de los Reyes.

La novela gráfica en la histórica Plaza Grau del Callao.

Raúl Porras Barrenechea y Luis Alberto Sánchez, detectives de lo desconocido


Pablo Teruel es Sherlock Holmes, aunque peruano, anarquista y crítico de Augusto B. Leguía. Es también, por los temas que investiga, nuestro Fox Mulder, con jefes gruñones igual que los mandamases del FBI, pero sin armas. Y es, sobre todo, uno de los primeros investigadores de lo paranormal en el Perú, fruto de la imaginación del amable escritor José Güich, un hombre que probablemente esté destinado a convertirse en un clásico al igual que su personaje.

Teruel nació el 2006, con la publicación del Mascarón de Proa, el segundo libro de cuentos de Güich. Su ingreso al mundo de la literatura fantástica no pudo ser más prometedor. En El Veterano, el primer cuento en el que apareció, Teruel descubre documentos secretos que viajaron a través del tiempo, y que fueron a dar a manos de los oficiales a cargo de la defensa de Arica, poco antes de la invasión chilena.

El investigador volvió el 2008, dentro del libro de cuentos Los Espectros Nacionales, con una historia de viajes interdimensionales que involucraba al monitor Huáscar y a su capitán, Miguel Grau Seminario.

Recién el 2009, Teruel pudo protagonizar su primera novela: El misterio de la Loma Amarilla, una historia situada en la Lima de 1922. Donde el investigador y periodista recurre a dos de los más reconocidos intelectuales peruanos del siglo XX para resolver un enigma ocurrido en las viejas colinas de Surco. Es así que, desde sus especialidades, Luis Alberto Sánchez y Raúl Porras Barrenechea aportan a las pesquisas del detective y periodista. Esto, desde luego, es parte de los guiños a la historia que acostumbra a colocar José Güich en sus relatos. Y es precisamente lo que hace más interesantes las historias de Teruel.

Recientemente, pude conversar con Güich sobre Teruel, la literatura fantástica peruana en el 2010, y sus nuevos proyectos. Este es el post con el que el cuervo vuelve a volar el 2011.

El misterio de la Loma Amarilla en la edición de SM para su colección Gran Angular.

¡Derogan las leyes de Asimov!


Ilustración del artista Chris Grine.

Scarlet Legonía es una adolescente de 15 años a la que le gusta desafiar las normas vigentes (*). Hace poco, ganó el concurso de cuento Yo soy el robot, organizado por el proyecto Escuelab y Ata (Alta tecnología andina). Su historia, que, es cierto, pudo haber sido afinada un poco más, trata de un autómata que tiene algo de Hannibal Lecter y de Jack el destripador.

El pasado domingo 7 de noviembre, el Dominical de El Comercio publicó íntegramente su cuento que puede ser leído aquí. Lamentablemente, Escuelab ha desactivado los enlaces a los otros cuentos que participaron en el concurso. Esperamos que puedan reponerlos pronto.

Para no dejarlos con la intriga, pongo esta muestra del talento un poco siniestro de la joven Scarlet:

 

El robot era bien astuto, lo que pensaba
hacer era cortarle el pellejo y ponérselo encima
y así luciría como Juan. Primero, lo degolló,
luego le sacó toda la piel y así fue logrando su
venganza”.

 

(*) La historia ganadora del concurso de Escuelab derriba las leyes de la robótica, un conjunto de normas establecidas por el famoso Isaac Asimov en la mayoría de sus novelas y cuentos de ciencia ficción, que hoy son reinterpretadas por autores contemporáneos.

Estas son las tres leyes:

1.Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2.Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
3.Un robot debe proteger su propia existencia (por ser un sistema muy costoso), hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

La fantasía y sus 17 aliados atacan otra vez


Portada de Grim Fairy Tales número 31. Zenescope Entertainment.

Este es un aviso de servicio público. Gabriel Rimachi, el dinámico escritor y factótum de la editorial Casatomada, amenaza con lanzar la primera semana de diciembre el segundo volumen de sus 17 Fantásticos Cuentos Peruanos, un libro que en 2008 generó en la ciudad altos niveles de adicción por la fantasía, lo insólito y el suspenso.

Rimachi tiene suficiente material como para causar los mismos estragos que provocó su primera recopilación. Si en el primer volumen de sus 17 Fantásticos Cuentos Peruanos tenía como puntas de lanza a reconocidos escritores como José Adolph (quien murió tres meses después de entregar un cuento inédito a Rimachi), José Güich, el más prolífico narrador de ciencia ficción del país, y Carlos Calderón Fajardo, ahora tiene en su arsenal a Rodolfo Ybarra, Katya Adahui y Alexis Iparraguirre, premio nacional de narrativa de la PUCP.

¿De qué va este libro? Rimachi lo ha explicado varias veces, pero el resumen es que trató de mostrar un collage de cómo ha ido evolucionando el cuento fantástico en el país, a través de varias generaciones de autores. Desde veteranos como Adolph hasta jóvenes como Johann Page. Por cierto, esta publicación tiene otro mérito, es la primera recopilación de cuento fantástico que se hace en el Perú desde 1977.

¿Y cuál es el menú del libro? Pues hay hombres que hablan con animales (perros y medusas para ser más exactos), viajes a Ucronia (por medio de palabras mágico/científicas) naves espaciales, transformaciones, un escritor y chantajista (que también puede ser un viajero del tiempo) que usa un inquietante libro para sorprender a sus víctimas, y un tragador de lápices. También se puede encontrar a Speechman, a una muerta bastante locuaz, algunas desapariciones, una historia de Batman (sí, ese Batman), un ángel que salva suicidas, y a otros personajes.

Puede ver la lectura que Rimachi tiene sobre este libro en esta entrevista:

Los 17 fantásticos cuentos peruanos de Editorial Casatomada.

Carlos Freyre habla con los muertos


El capitán del ejército Carlos Enrique Freyre escribe literatura fantástica, pero él mismo parece sacado de una narración llena de eventos extraordinarios. Graduado en el arma de infantería, y con dos experiencias de combate en el valle de los ríos Ene y Apurímac, este joven oficial ha convertido al país, que recorre constantemente, en su abastecedor natural de ficciones.

En realidad, el uniforme es su ventaja. Solo un militar, que a ratos parece un trotamundos, podría ser testigo del trabajo de los rezadores que tratan de resucitar a los difuntos en la morgue de Tumbes, del nacimiento de pueblos alrededor de una carretera en la selva, de la muerte de otros por abandono, o escuchar de primera mano las historias de genios en el Altiplano.

Son estos relatos con los que se ha alimentado para crear la historia de Teófilo Bernabé, un hábil puneño -hijo de contrabandistas de artefactos eléctricos- que inventa una máquina para comunicarse con Gianina Robinson, su amada muerta.

La saga del ensimismado inventor -una cualidad que comparte con el Reed Richards de Stan Lee y con el doctor Frankenstein de Mary Shelley- está contenida en El Fantasmocopio, novela publicada por la editorial Estruendomudo, poco antes de la reciente Feria Internacional del Libro.

Este blog conversó con Freyre sobre este trabajo y sobre el futuro, no tan lejano, de Teófilo Bernabé. Con este diálogo inauguramos nuestra sección de entrevistas a autores de literatura fantástica.