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Michael Chabon, el Escapista y el extraño experimento de Dark Horse


Poster de El Escapista salido de la pluma de Mike Mignola.

En 2001, el escritor norteamericano Michael Chabon, de origen judío, ganó el premio Pulitzer. Y sin planificarlo le regaló un superhéroe a la editorial Dark Horse, madre de Hellboy y de otras criaturas de papel.

La novela con la que Chabon ganó este trofeo era ambiciosa. Y como lo estipula el premio, narraba un aspecto de la vida en los Estados Unidos: la llegada de los migrantes europeos durante la Segunda Guerra Mundial en 1939.

Michael Chabon
Michael Chabon
El nombre de la novela es Las Asombrosas Aventuras de Kavalier y Clay (Amazing Adventures of Kavalier y Clay). Y el Amazing del título no era gratuito. Era una referencia directa a Amazing Fantasy, título en el que apareció por primera vez Spiderman, el personaje más icónico de Marvel Cómics.

¿Y por qué Chabon usó esta referencia? Porque su novela también contaba la historia de una primera vez, de un nacimiento, de cómo se inició la industria del cómic superheroico con el que Estados Unidos inunda las calles de todo el mundo.

Para lograr que su novela fuera una ecuación perfecta, Chabon sumó dos factores históricos. Migrantes europeos, pobres, y una industria naciente, llena de empresarios explotadores que pagaban centavos por hoja dibujada. El resultado fue su propia visión del escenario en el que se cimentó la industria que hoy gana millones de dólares en películas, historietas y merchandising.

Pues bien, hasta allí el esquema marchaba muy bien. Luego Chabon tuvo que construir la personalidad de los héroes de su novela. Los primos Josef Kavalier y Samuel Klayman (Kavalier y Clay). El primero nacido en Praga, obsesionado con vengarse de los nazis que lo apartaron de su familia, aprendiz de mago y dibujante. El segundo, neoyorquino, ilustrador pero con menos talento que su primo. Eso sí, ambicioso y bueno para los guiones.

Ambos dan vida a El Escapista, paladín enmascarado de Empire City, que se libra de cualquier trampa mortal gracias a habilidades parecidas a las de Harry Houdini y a su mística Llave Dorada.

El éxito de este personaje convierte en celebridades a Kavalier y Clay. Y, en el ocaso de sus carreras, ya viejos, los dos son venerados en convenciones de fanáticos de la historieta.

El Escapista en los lápices de Jason Alexander
El Escapista en los lápices de Jason Alexander

Pero la historia de esta novela no acabó en su página 734. Continuó en otro formato.

En el 2004, la editorial Dark Horse propuso a Chabon publicar una historieta con el personaje de sus personajes. El autor aceptó y gracias a esa sociedad nació The Amazing Adventures of Escapist, una serie de ocho números, que volvió dos años después con otros seis números.

No es todo. Hasta el año pasado, el propio Chabon alimentó las versiones que hablaban sobre el interés de Hollywood por llevar su novela a la pantalla grande. También se ha dicho que podría hacerse una miniserie para la televisión. De cualquier forma, artistas como el director de cine Jamie Caliri ya han hecho sus propios ensayos con los personajes de Chabon. (Pueden ver el corto de Caliri con El Escapista al final de este post). Es el tiempo el que dirá si Kavalier y Clay pueden romper las cadenas que los atan al papel y logran protagonizar algo en tres dimensiones.

Tomo 1 de El Escapista en edición de Planeta y Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay de Michael Chabon.
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Solo los emos salvarán al mundo


Las anotaciones de Sir Reginald Hargreeves, un padre poco amoroso.

Al músico Gerard Way le gusta ir a la guerra con maquillaje. En sus videos, sus compañeros, vestidos de soldados, mueren a su alrededor pero él no los auxilia, lo que hace es cantar con violencia, mostrar su dolor, llorar hasta que el rimel se le corra. Se podría decir que su negocio es el sufrimiento. Y esto, en realidad, no debería ser una sorpresa. Como vocalista de una banda de rock emo, Way sabe bien lo que sus fanáticos esperan de él, la dosis exacta de depresión y letras que hablan de muerte, cicatrices y fantasmas. Sí señores, Gerard Way, el bienamado frontman de My Chemical Romance, es un experto en el dolor humano.

Pero este post no trata de Way ni de su música, sino de otra de sus creaciones: The Umbrella Academy. Esta historieta fue publicada por primera vez en 2007, y lo que contiene es la historia de unos superhéroes creados para este siglo. Siete metahumanos que crecieron como una familia disfuncional. El padre es un severo alienígena que más parece un funcionario de la corona británica de inicios del siglo veinte, la madre es una androide, el mayordomo un chimpancé parlante y los hijos tuvieron que aprender a realizar hazañas superheroicas desde los ocho años, en pantaloncillos cortos, literalmente.

Uno de los atractivos de esta historieta es ese, la alternancia de las escenas de los primeros años con el tiempo real, la comparación entre la educación que les dio un padre que no conocía sus nombres y que solo los llamaba por un número, y la situación actual de nuestros héroes, ya adultos.

Y si la idea de pasar años bajo la sombra de un padre frío y obsesivo es deprimente, más lo es el presente. Lo único positivo que le pasó a los miembros de The Umbrella Academy es que consiguieron nombres de batalla. Número 1 se hace llamar Spaceboy, Número 2 es el Kraken, la tercera es Rumor, y así sucesivamente. Pero a los llamativos alias se suman algunas tragedias personales. Spaceboy perdió todo el cuerpo en un accidente y tuvo que reemplazarlo por la anatomía de un gorila, el Kraken no es un vigilante muy querido, Rumor está divorciada, y Número 5 se sigue viendo como un chico de 8 años, aunque parece saber mucho más que sus hermanos.

Así las cosas, no parece extraño que la primera villana que deben enfrentar los integrantes de Umbrella Academy sea su propia hermana, Número 7, la que de niña no exhibió ningún poder, excepto una “mediocre habilidad” para tocar el violín, como diría Sir Reginald Hargreeves, su padre. Pues bien, este es el mundo de Umbrella Academy, que llega gracias a la inesperada pluma de un rockero y los hábiles lápices del brasileño Gabriel Bá, que recuerda por momentos a lo mejor de Mike Mignola, creador de Hellboy

Por cierto, el segundo arco argumental de Umbrella Academy se llama Dallas y tiene que ver con el asesinato de John F. Kennedy. Al parecer, los héroes de este siglo no esperan a que les lleguen las tragedias, ellos las buscan, aunque sea en el pasado.

Kraken y Spaceboy, puro amor filial

 

Número 5 termina una discusión con su hermana a balazos.

 

Los Umbrella en Lima, gracias a los amables Rómulo y Ana María, dueños de la tienda Organa en el Centro Comercial Arenales. Foto de mi esposa, Sandra Enciso.